domingo, 13 de julio de 2008

¿ES LA ADMINISTRACIÓN UNA CIENCIA O SOLO ES UNA ACTIVIDAD CIENTÍFICA?

Por Dr. Cuauhtémoc D. Molina García.

Existe, entre los administradores, un mito centrado en sostener a toda costa que la administración es una ciencia. La idea parece provenir de un enunciado según el cual, si no es ciencia, entonces no somos académicos ni tenemos valor profesional universitario. Parece más un asunto de "autoestima" que de fundamentación epistemológica. Nos viene, quizá, desde nuestra inclusión como profesión universitaria, pues recordemos que en la UNAM (Universidad Nacional Autónoma de México), se discutía si debía o no incorporarse la nueva carrera a su oferta académica, y entonces los tradicionalistas de esa universidad sostenían, hacia los años sesenta del siglo XX, que cómo era posible que la Magna Casa tuviera entre sus materias "administración de ventas" o "contabilidad", por ejemplo. No pensaban que asignaturas de tal estirpe tuvieran categoría universitaria.

Parece que este síndrome permea el debate que se empeña en sostener que la administración es una ciencia. Quizá haya otros motivos, entre los cuales se encuentra la "insoportable levedad" con que los administradores -más dados a "la práctica" que a "la teoría"- asumimos el concepto y carácter de la ciencia y de la teoría, o tal vez no hayamos podido despojarnos de las influencias de nuestros fundadores (sobre todo el ingeniero F. W. Taylor) que sostuvo, contra viento y marea, haber creado la administración científica.

Por otro lado, a muchos, en nuestra profesión, les parece un debate ocioso escudriñar estos temas, pues aducen que es más urgente la aplicación que la teorización. Quizá tengan razón si pensamos en el administrador como un gerente en el ejercicio del arte y no como un académico pensando cómo y de qué manera la administración se nos presenta en calidad de objeto de estudio en el marco de "la realidad". Parece una paradoja sostener empeñosamente que la administración es una ciencia y no detenerse a reflexionar al respecto. Es en este sentido, precisamente, en el cual tratamos el asunto en este Blog, muy a pesar de que la epistemología -por elementalmente que la consideremos- parece más una palabra elegante y dominguera, que necesaria para afinar el pensamiento, sobre todo para efectos de la investigación.

¿Qué es la administración?
Incluso para los tratadistas más avezados, la administración se piensa -a la hora de las definiciones- como una actividad, y termínase diciendo que es el esfuerzo de obtener resultados por medio y a través de las personas. Ya luego, siguiendo las pistas heredadas por Henri Fayol, se le enriquece diciendo que tal esfuerzo discurre entre las etapas de un "proceso", el cual denominan justamente proceso administrativo. Asi dicho, el tema parece concluido. La idea es, además de fácil, sobre todo práctica. ¿Para qué pensarle más?

Sin embargo, el asunto es más delicado, al menos si queremos pensarlo como académicos y en el marco de las argumentaciones y las fundamentaciones. En esencia: quienes proponen la idea de que la administración es una actividad procesal, como se ha identificado poco antes, se quedan cortos e incompletos, pues pensando que "han definido", lo que en realidad han hecho es una simple y burda descripción. Solo eso, una sencilla representación del "consistir" que deja de lado el fondo y la esencia de lo que se pretende definir. Es decir, si uno dice que la arquitectura es hacer edificaciones por medio del diseño y a través del trabajo de otros, pues lo que hemos hecho es solo describir, y muy pobremente, lo que suponemos que la arquitectura es.

¿Es la administración una ciencia?
Esta pregunta ha sido respondida de muchas maneras, pero casi siempre lo que queda de fondo son ideas particulares de lo que cada quien entiende por ciencia. También deberíamos hacernos otras preguntas. Por ejemplo, asumiendo que la administración sea una ciencia, lo que sigue es preguntarnos qué tipo de ciencia es. O quizá, antes de concluir que lo es, una buena idea sería postular que la administración es tan solo una teoría, y nada más, o bien una actividad que tiene muchas teorías. También quedaría un vacío cuando nos preguntamos qué tipo de teoría es eso que explica el fenómeno administrativo. Más aún, ¿será que la administración es apenas una disciplina y no una ciencia?, ¿no es hemos preguntado si lo que realmente tenemos en las manos es un "fenómeno administrativo" o más bien un "fenómeno organizacional"?

Asumiendo que la administración fuese una ciencia, ¿cuál es, o cuál sería su objeto material y cual su objeto formal? Es decir, ¿cuál es el objeto de estudio de la administración?, ¿tiene o no tiene objeto? El objeto material de la administración, para que le sea propio y exclusivo, no debería ser objeto de otra ciencia o campo del saber ya constituido, pues de lo contrario no existiría la parcela epistemológica propiamente dicha. Pero, aún si el objeto material fuese compartido con otros campos del saber científico (dado el carácter de la ínter y la multidisciplina), entonces deberíamos tener una clara distinción del predio administrativo con el deslinde que nos pudiera dar el objeto formal de estudio, y así ya podríamos establecer la soberanía de la administración (como ciencia) entre sus pares.
Dicho de otra manera: la conducta (la humana en particular) es objeto material de estudio de, por ejemplo, la ética, el derecho y la psicología.
Es un objeto compartido. Sin embargo, si solo por el objeto material fuese, pues no existiría ni la ética, ni el derecho ni la psicología, pues al parecer una y otra serían lo mismo, y solo tendríamos tres nombres para referir la misma ciencia y el mismo campo, predio o parcela epistemológica. ¿Qué las hace diferentes y soberanas en sus propios dominios o campos epistémicos?
Lo que hace disímiles a la ética, el derecho y la psicología es su objeto formal, esto es, el punto de vista o la perspectiva desde el cual es abordado el mismo objeto material: la conducta humana. Así las cosas, ya podemos decir que hay tres ciencias autónomas, independientes y emancipadas. Yo lo que me pregunto es, en torno de esta metodología de análisis, ¿cual es el objeto de estudio -material y formal- de la administración? Otro problema no resuelto, por no abordado entre los "teóricos de la administración", lo represento con las siguientes preguntas:

1. ¿Es lo mismo decir "la administración es una ciencia que afirmar que
existe una ciencia de la administración?
2. ¿Es lo mismo lo anterior que sostener que la administración es científica?
No es un juego semántico, que si lo fuera, ya sería por si mismo profundo. Es más que eso: es un problema real de definición. La verdad es que aquí radica, entre otros muchos puntos, la levedad epistemológica de los teóricos de la administración.
¿De qué estamos hablando?
Si hablamos de que la administración ES una ciencia, pues entonces debemos resolver las preguntas relacionadas con su objeto material y formal. Ya aquí hay sobrada confusión entre los escritores, desde el propio Taylor hasta los mexicanos como Agustín Reyes Ponce, Francisco Laris Casillas, José Antonio Fernández Arena, Issac Guzmán Valdivia, Miguel Duhalt Krauss, Guillermo Gómez Ceja, Fernando Arias Galicia, Sergio Hernández y Lourdes Münch, por citar "los clásicos" en nuestras tradiciones áulicas universitarias. Ninguno de ellos define, solo describe la administración como un quehacer ciertamente pragmático tomando como base "la escuela" del proceso administrativo derivada de las ideas fayolianas, acertadas por cierto, en tanto la administración sea considerada como lo que es: una actividad organizacional.

Más afortunados parecen haber sido Peter F. Drucker y Lawrence Appeley, incluso Ernest Dale y el propio Chestar I. Barnard, quienes siendo lo que fueron, gerentes del altos vuelos, ubicaron la administración en su justa dimensión, noble y galana: la de ser una actividad, cada vez más profesionalizada, indispensable y útil en el seno de las organizaciones.

Pero si, por el contrario, lo que tenemos en las manos es el de una ciencia DE LA administración, entonces el problema es otro. Aquí la administración se torna objeto de una ciencia ajena, externa, no definida pero que imaginamos surgida de las nuevas fusiones, contactos e integraciones de saberes previos tradicionales y perfectaente establecidos y reconocidos como autónomos. La mecatrónica, así definida por el japonés Tetsuro Mori, trabajador de la empresa nipona Yaskawa, es un buen ejemplo de estas integraciones que han dado lugar a nuevos dominios parcelarios del saber. La mecatrónica es la integración de la mecánica y la electrónica y actualmente se ha consolidado como una especialidad de la ingeniería que ha ido incorporando otros elementos tales como los sistemas de computación, los desarrollos de la microelectrónica, la inteligencia artificial y la teoría del control, la informática, etc. El fin de la mecatrónica es optimizar todos los recursos y elementos incorporados en los procesos industriales para lograr sinergias que, a su vez, "maximicen la optimización", válgase la expresión.
¿Qué es la mecatrónica?, ¿es una ciencia nueva? Yo no lo se, pero tenemos que acudir a nuevos paradigmas del pensamiento científico para hallar nuevas posibilidades de ubicar "lo científico", lo tecnológico y lo tecnocientífico en estas nuevas zonas o terrenos del saber que se nos presentan hoy en día. ¿Este es el caso de la administración? Tampoco tengo una respuesta pronta, pero si me queda claro que, le busquemos por donde le busquemos, lo que en realidad vemos en los hechos es que la administración es una actividad que alguien hace en el seno de las organizaciones, y nunca, jamás, fuera de ellas.
¿En qué consiste esta ciencia DE LA administración? Arrogando que esta ciencia exista, ¿cómo se llamaría esta ciencia?, ¿administrología o simplemente así, "ciencia de la administración"? En este último caso, tendríamos una ciencia sin nombre y me pregunto si también sería una ciencia sin objeto.

Una ciencia "de la administración" sería, en todo caso, una suerte de ciencia reguladora, como sostiene García Palacios (2001), quien la define como una actividad científica concretamente orientada a suministrar conocimiento para asesorar la formulación de políticas para "regular" tecnologías, procedimientos, etc. Todo ello intrínsecamente vinculado al quehacer empresarial. Si esta ciencia es posible, epistemológicamente hablando, pues este sería, sin más, el carácter de la dicha "ciencia (reguladora) de la administración".
Pero me quedan muchas preguntas oscilando por ahí. Tratando de establecer un símil entre la mecatrónica y la administración, lo primero que me pregunto es cuáles serían los componentes de esta ciencia "reguladora" de la administración. La respuesta parece evidente, al menos en primera instancia: la psicología, la economía, la estadística, la sociología y la antropología, el derecho y no se si la informática, serían los componentes científicos. Además de las ciencias citadas, la ciencia reguladora de la administración sería el continente de técnicas como la contabilidad, las finanzas, la computación, la producción o las ingenierías.

Si la informática o la computación son ciencias o no, pues eso que lo discutan los informáticos, pero de antemano ellos tienen ante sí los mismos problemas epistemológicos que estoy planteando aqui. La segunda pregunta es, ¿qué relaciones internas tendría esta ligazón emergente que relacionaría la psicología con la economía, el derecho y la antropología, por ejemplo, con el acto mismo de tomar decisiones y conducir el acto administrativo por el tubo que supone el proceso administrativo?
Es decir, cual sería la configuración epistémica y lógica de esta ciencia reguladora de la administración (si es que existe) que la haría no ser confundida con sus propios componentes? Porque si los nuevos conocimientos aportados por las ciencias constituyentes de la ciencia reguladora forman, de sí propios, una masa emergente de saberes, pues si tendríamos una ciencia reguladora emergente, que sería la "ciencia de la administración", aún sin nombre; pero si no, entonces solo tendríamos las mismas ciencias aplicadas al quehacer administrativo. Lo que siempre ha sido. A todos nos queda claro que a los administradores (no a la administración) les queda muy bien apoyarse en la estadística, la matemática, la economía, la sociología y la antropología para actuar mejor en sus organizaciones.

Y este último caso, justamente, nos lleva a la tercera problematización arriba señalada: ¿Es la administración científica?

Pues esto no tiene más discusión: si, en efecto, la administración es una actividad científica (puede serlo), pero solo si los administradores quieren que lo sea. Si en su quehacer los administradores usan las ciencias de la administración, pues entonces la administración será científica. Si deciden no hacerlo, pues no.

Además, los administradores pueden (y en muchos casos deberían) hacer uso del método científico para tomar sus decisiones, y esto solo si tienen el tiempo suficiente para completarlo, pues la mayoría de los momentos directivos de la realidad empresarial cancelan la aplicación del método en su plenitud. Además, a los administradores no les interesa explicar la realidad, elaborar teorías y deducir principios, o sea, hacer ciencia (¿o si?), sino más bien enfrentar las situaciones de toma de decisiones que se les presentan cotidianamente. Los administradores, lo sabemos todos, toman decisiones, coordinan recursos y obtienen resultados con eficacia y eficiencia. Para eso están, para eso les pagan; el trabajo teórico corresponde, hasta donde se sabe, a los cientificos. ¿Son los administradores hombres o mujeres de ciencia?
¿Existen teorías administrativas?

Tampoco.
¿Abraham Maslow?, ¿Douglas McGregor?, ¿Rensis Likert?, ¿T. Herzberg y cuántos más? Ninguno es ni ha sido administrador. Ni el propio Taylor, ni Fayol, ni los esposos Gilbreth, ni Mary Parker Follet, nadie ha pensado la administración desde la administración como parcela del saber. Taylor y Fayol, el propio Chester Barnard, fueron ingenieros que administraron organizaciones que bien condujeron al éxito. Es como si un médico llevara a una Clínica al éxito empresarial. ¿Es administrador? Si, pero es médico.

Todos ellos han postulados teorías que son de origen psicológicas, sociológicas o lo que sean, menos administrativas, epistemológicamente hablando. Les decimos "administrativas" solo por vecindad, porque las hemos leído y enseñado tanto -como licenciados o maestros en administración- que ya las sentimos nuestras, pero no son "nuestras", son solo explicaciones científicas ajenas, extrañas, verdaderas importaciones, ni siquiera pagadas, sino solo prestadas de parcelas del saber que concurren en el campo del quehacer administrativo dentro de las organizaciones: "Conseguir resultados por medio y a través de las personas".

A MANERA DE CONCLUSIONES
Tengo en mente una propuesta agresiva que a muchos no gustará, pero es irremediable desde mi punto de vista: la administración es un campo epistemológicamente vacío. No existe. La administración como tal es solo una actividad, pero supone saberes que los administradores deben poseer para hacer esta actividad más eficiente. En este sentido NO es una ciencia. Me quedan dudas si existe la ciencia de la administración en calidad de ciencia reguladora, al decir de García Palacios. No sé cómo pueda darse esta ciencia reguladora.

Lo que si acepto es que la administración -como actividad directiva- sea científica, pero solo si los administradores se apoyan en los saberes científicos y técnicos. Es la administración, más bien, y sin lugar a dudas, una actividad profesional con apoyos tecnocientíficos. Es un error de forma y fondo postular que las universidades enseñen administración, cuando lo que realmente ofrecen a sus estudiantes son aprendizajes en ciencias y técnicas de la administración, que es cosa diferente. Sus egresados concluyen sus estudios sabiendo pero no administrando.
Administrar es algo que se aprende en la brega, con las riendas del mando en las manos. Nadar se aprende nadando. Pero las licenciaturas y los posgrados universitarios enseñan técnicas y ciencias de la administración, y proporcionan entrenamiento directivo (liderazgo, conflictos, toma de decisiones, negociación, motivación), que es lo más que pueden en efecto hacer. Sin embargo, esto no desluce el carácter profesional que los administradores pueden llegar a enarbolar en el ejercicio de su profesión.
Las organizaciones -como objeto de acción de los administradores- son cada vez entes más complejos que conviven en entornos más competidos y competitivos. Necesitan generales que las conduzcan con estrategia al éxito, que no es otro que el logro de sus metas.

viernes, 28 de marzo de 2008

LA TEORÍA DE SISTEMAS EN ADMINISTRACIÓN: LA PRESENCIA INÚTIL

Dr. Cuauhtémoc D. Molina García
Yo entiendo por estructura un conjunto de componentes en relación. Cada componente, a la manera de los funtores, tiene una función que a su vez traslada o transmite a otros componentes otros objetos, información o inclusive ciertas consecuencias que le transforman y le ajustan, de nueva cuenta, a la estructura original. En este sentido, las organizaciones son estructuras cuyos componentes materiales, funcionales y humanos están en permanente relación y ajuste entre sí y también con los componentes de otras estructuras, internas o externas.
Un concepto relevante en toda estructura es el de relación; no existe estructura si sus componentes no están en relación eventual o permanente. La estructura es un continum sucesivo que nace como estructura y se sostiene solo a partir de sus relaciones estructurales.
En las organizaciones sociales, los componentes que se relacionan entre sí son diversos. Los materiales, por ejemplo, son elementos comunes a otras estructuras, incluso la información, pero el factor humano le concede a las estructuras sociales un matiz que les torna especiales y particularmente complejas. En este sentido, una estructura no es meramente una representación del conjunto, sino una realidad intrínseca y definitoria de la organización. Es, por decirlo así, su propia naturaleza. Es este componente humano el que concede a las estructuras organizacionales su capacidad de apertura, pero también su disposición a la “cerradura”, así como su aptitud a dar y recibir influencias por medio de la información.
Bajo estos lineamientos, una estructura es al mismo tiempo un sistema; no obstante, aquí se postula que la teoría de sistemas, en tanto tal, es propia de los ambientes físicos y biológicos. El propio Bertalanffy así lo sostiene al referir que el bagaje conceptual que le asiste proviene de las ciencias físicas y de la biología en particular. Por lo tanto, en las ciencias sociales podemos prescindir del enfoque sistémico si tenemos, y con riqueza, el punto de vista estructural, el cual nos ofrece una perspectiva que es primera y además anterior a la denominada teoría de sistemas y que, por otra parte nace en el campo de las ciencias sociales, sin necesidad de importar lenguaje ni discurso de la física o de la biología.

Pero en el ámbito de la administración, tanto la teoría de la organización como la práctica misma de la administración —vista como gestión y como gerencia— el enfoque de sistemas ha creado una moda, más que una necesidad. La práctica de la administración, como tal, si bien es un objeto de estudio abordado por diversas ciencias, en sí misma es un espacio epistemológico vacío. No existe la administración como campo de estudio y tampoco existe nada parecido a una posible “administrología”. Lo que si tenemos es una práctica gestional y procesal que reconocemos indispensable en las organizaciones y que ha sido vista como una praxis susceptible de ser explicada. Pero todas las explicaciones o teorías que sobre tal práctica administrativa se tienen, no provienen de “la administración”, sino de las ciencias sociales. Esto es, no existe una teoría formalmente rigurosa que sea administrativa per se; lo que si tenemos son diversas teorías que explican, por ejemplo, la motivación humana en el trabajo, pero tal teoría es por naturaleza psicológica y no “administrativa”. Lo mismo podemos decir de otros eventos que surgen y se dan en las organizaciones, como es el caso de la división del trabajo, sobre la cual se han postulado “principios”, pero que como fenómeno ha sido explicado por la economía pero por la administración. De hecho, los teóricos principales que han alimentado la práctica administrativa han sido inicialmente ingenieros (Taylor y Fayol son buenos ejemplos), luego llegaron los sociólogos, los economistas y los psicólogos, y han sido precisamente la sociología, la economía y la psicología la materia sustancial de donde han nacido las principales explicaciones (teorías) que sobre el fenómeno administrativo se tienen en la actualidad. De modo que lo que tenemos en las manos no son teorías administrativas ni teorías de la administración, sino teorías psicológicas, sociológicas y economicistas que explican procesos y fenómenos que si bien se dan en el campo de las organizaciones no son, en principio, propios de la administración a no ser que ésta sea contemplada aquí como actividad.
La teoría de sistemas lo que explica son procesos y eventos organizacionales, es decir, aquellos que concurren en las organizaciones, pero no en la administración en tanto tal.
¿Qué tenemos entonces? Lo que realmente tenemos es una confusión. Precisemos:

La administración es una actividad, y tanto lo es, que se explica como un proceso y se dice de él que es el hecho de obtener resultados por medio y a través de las personas. En este sentido no puede ser un campo epistemológico sino solo una actividad.
El proceso administrativo ha sido explicado, tanto como los hechos, eventos o fenómenos que concurren en el proceso administrativo formal. Pero las teorías que explican estos fenómenos no son administrativas de origen y naturaleza, sino sociológicas, económicas y psicológicas. Es la actividad administrativa —o sea la administración— la que es objeto de estudio, pero en modo alguno es una disciplina, ni tampoco una ciencia en sí misma.
Un objeto más riguroso de estudio es, en todo caso, la organización, campo en el que las disciplinas se han convertido en ínter y multidisciplinas para abordar de modo integral el campo complejo que deriva de las organizaciones. Pero la organización también es un objeto de estudio, y no una disciplina ni mucho menos una ciencia.

Entonces, en todo caso, lo que también tenemos son ciencias aplicadas a la administración y al estudio de las organizaciones, como en el caso que se da en la comunicación. No existe una “comunicología”, sino ciencias y técnicas que abordan la comunicación como proceso y como fenómeno. ¿Qué la comunicación tiene consecuencias sociales, económicas y políticas? Eso no tiene duda, pero tales efectos no provienen de una ciencia de la comunicación ni de una pretendida comunicología, sino de ciencias perfectamente autónomas (cuando menos en objeto) como son la ciencia política, la sociología, la psicología y la economía, e incluso la antropología. Esto nos lleva a dos preguntas, que en realidad es la misma aplicada en diferentes campos: ¿Se estudia la administración o lo que realmente se estudia son las ciencias y las técnicas de la administración?, ¿se estudia la comunicación o sus ciencias y técnicas?

Se piensa que la teoría de sistemas ha venido a poner “orden en el caos” porque se sostiene que existe una “jungla teórica” en la administración. Esto no es posible porque no es verdad. La administración no puede ser vista de otro modo sino como una actividad (también como una profesión) y como tal solo es objeto de estudio y no una ciencia, y por lo mismo carece de teorías. Si bien la mirada sistémica ayuda a establecer convergencias y unificación conceptual, incluso metodológica en diversos campos del conocimiento, la administración solo es una actividad que concurre y habita por definición en las organizaciones. En este sentido, una mirada sistémica puede ser sustituida por otra mirada, la estructural.
En realidad, lo que se predica de los sistemas también puede ser predicado de las estructuras. Por ejemplo, hay estructuras abiertas y cerradas, supraestructuras y subestructuras. Las estructuras tienen disfunciones (desgastes o “entropías) porque sus dirigentes son incapaces de interactuar con el entorno y ajustarse estratégicamente a él. Hay información que va y viene, porque precisamente las estructuras son un conjunto de componentes en relación e intrarelación. Por tanto, la teoría de sistemas, siendo una importación que algunos sociólogos ha hecho de la física y la biología, constituye una presencia inútil en las ciencias sociales. Para explicar los procesos y eventos organizacionales —y administrativos en tanto que ocurren en aquéllos— no necesitamos una teoría de sistemas, sino en todo caso una teoría de las estructuras. ¿Para que tenemos el estructuralismo? Por tanto, es falso que la teoría de sistemas haya venido a enriquecer “el campo de la administración”, que si tal campo existe no es otro que el de las organizaciones. El “enfoque” sistémico es, con preeminencia, una contemplación estructural. Por supuesto, Bertalanffy intentaba lograr una metodología integradora para el tratamiento de problemas científicos en los campos de donde proviene la teoría. Pero su aplicación en las ciencias sociales es forzada y constituye, además, un préstamo inútil porque el estructuralismo posee un lenguaje propio y ad hoc a los campos organizacionales. Lo que la teoría de sistemas ha traído a los estudiosos de los problemas organizacionales —entre cuyos procesos importantes esta el administrativo— ha sido solo un nuevo lenguaje, esto es, un discurso novedoso que viene a decir lo mismo que el estructuralismo había ya postulado.

Es verdad que el estudio de los continentes científicos —y sus propios contenidos— se ve favorecido por la teoría de sistemas, cuya meta queda perfectamente claro que no es aportar únicamente nuevos lenguajes ni tampoco simples analogías entre las ciencias, sino sobre todo tratar de evitar la superficialidad o la pseudociencia en el estudio de los campos. Pero este es un propósito, a la vez que un problema añejo de la epistemología y de los epistemólogos, pero no de la teoría de sistemas ni tampoco de los sistémicos. Si, como dicen sus panegíricos, la teoría general de los sistemas se apoya en dos columnas: los aportes semánticos y los aportes metodológicos, ¿entonces dónde queda el papel de la filosofía y, en particular de la epistemología?
En muchos sentidos, la citada teoría sistémica esta de más en el campo de las ciencias sociales. Pero los “teóricos” de la administración la han puesto de moda, y la presentan como insustituible. Deberíamos conocer más y a fondo las propuestas del estructuralismo, más allá de cómo lo presentan y entienden los “administrólogos” en sus libros de texto de licenciatura y maestría, con su ya clásica e insoportable levedad epistemológica.